Éste es un tema muy difícil, duro, fuerte y hasta a veces muy doloroso, para muchas personas. El amor no correspondido es muy difícil de soportar y no muy fácil de olvidar. He visto personas, que sufren por un amor que no les corresponde de la misma manera o de la manera que ellas desean. No tuve la oportunidad de sentir eso. Pero ver ese tipo de amor, en padres que aman demasiado a sus hijos, y les proveen de lo necesario para vivir, más sus caprichos y comodidades; y estos no son capaces de agradecerles, y solo les dicen “te quiero”, como un método de chantaje, cuando necesitan un poco más o están en situaciones poco satisfactorias. O también existen padres que maltratan a sus hijos, culpándolos por sus desgracias, o como un instrumento u objeto para descargar sus penas, rencores, malas experiencias; sin saber cuanto ellos los aman y respetan. Pero además de estos ejemplos, hay uno más claro, gráfico y sencillo: El amor hacia una persona como pareja; ya sea, sin que ésta lo sepa; o sabiéndolo, no le interesa; o después de una relación, uno de ellos decide abandonar al otro; y este otro sigue amando al que lo abandonó sinceramente, sin que esa persona merezca su amor. Es como si el príncipe eligiera a una de las hermanastras de cenicienta, para casarse, en vez de elegirla a ella, la cual lo ama con todo su corazón. O como si Romeo, asistiera esa noche, al encuentro con su amada Julieta, después de su boda; y después de ese encuentro la abandonara, hullera como cobarde, y regresara con su ex.
En el film, “La boda de mi mejor amigo”, interpretada por Julia Roberts (Julianne), Dermot Mulroney (Michael), y Cameron Diaz (Kimmy); podemos ver este tipo de amor. Primero cuando Michael, hace diez años atrás, estuvo enamorado perdidamente de Julianne. Fueron novios un tiempo, pero ésta, decide romperle el corazón, terminando con esa relación, y comenzando una muy buena amistad, sabiendo que él la seguirá amando; es más, la amó por diez años. Y segundo, cuando, después de esos diez años, Julianne se entera que Michael se va a casar, decide impedir su boda, porque se da cuenta de que ese hombre es la persona que siempre amó y ama, pero que nunca tuvo el valor de decírselo personalmente, cara a cara; entonces comienza a hacer cosas para separar a los novios, pero esto no da resultado, porque el corazón de Michael le pertenece ahora, a Kimmy, y el de Kimmy, a Michael. Es aquí, en donde Julianne, decide terminar con sus planes de separar a estos dos, y le confiesa a Michael, que lo amó y lo ama, pero ya es demasiado tarde, Michael ya eligió.
Esto es muy común entre nosotros. Pero la relación de esto, con DIOS, es que sus hijos, muchas veces - y podría decir millones- evaluando la historia; y también incluyéndome, no correspondemos al inmenso y eterno amor, que Él siente por nosotros.
Muchas personas acuden a ÉL, en momentos y circunstancias dolorosas o difíciles de resolver, porque saben que ÉL, siempre los amó, ama y amará; pero no son capaces de ser gratos con ÉL, y se olvidan de lo mucho que los ayudó en esos momentos. DIOS pasa a un segundo plano, y ocupa el primer lugar, cuando se presentan dificultades imposibles de superar por el hombre; vendría a ser como una última coartada, una última carta bajo la manga. El hombre se vuelve insensible ante ese corazón que derrama todo su amor delante de el, se vuelve un iceberg, dándole la espalda al ser más cálido, cariñoso y misericordioso del universo, rechazando sus propuestas y oportunidades, haciendo oídos sordos a sus llamados, la criatura se vuelve indiferente ante su creador. Así como ocurrió con JESUCRISTO, cuando muchos no supieron reconocer que ÉL era el mesías, y que era el único que los podía salvar. Hecho que ocurre actualmente también.
JESÚS, en aquellos tiempos, dio un ejemplo de este amor incondicional, del amor incomprensible que DIOS siente por el hombre:
“…11Un hombre tenía dos hijos –continuó Jesús-. 12El menor de ellos le dijo a su padre: “Papá, dame lo que me toca de la herencia.” A si que el padre repartió sus bienes entre los dos. 13Poco después el hijo menor junto todo lo que tenia y se fue a un país lejano; allí vivió desenfrenadamente y derrochó su herencia.
14Cuando ya lo había gastado todo, sobrevino una gran escasez en la región, y él comenzó a pasar necesidad. 15Así que fue y consiguió empleo con un ciudadano de aquel país, quien lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. 16Tanta hambre tenia que hubiera querido llenarse el estómago con la comida que daban a los cerdos, pero aun así nadie le daba nada.17 Por fin recapacitó y se dijo: “¡Cuantos jornaleros de mi padre tienen comida de sobra, y yo aquí me muero de hambre!18 Tengo que volver a mi padre y decirle: Papá, he pecado contra el cielo y contra ti. 19Ya no merezco que se me llame tu hijo; trátame como si fuera uno de tus jornaleros.” 20Así que emprendió el viaje y se fue a su padre.
Todavía estaba lejos cuando su padre lo vio y se compadeció de él; salió corriendo a su encuentro, lo abrazó y lo besó. 21El joven le dijo: “Papá, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco que se me llame tu hijo.” 22Pero el padre ordenó a sus siervos: “¡Pronto! Traigan la mejor ropa para vestirlo. Pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. 23Traigan el ternero mas gordo y mátenlo para celebrar un banquete.24 Porque este hijo mío estaba muerto, pero ahora ha vuelto a la vida; se había perdido, pero ya lo hemos encontrado.” Así que empezaron a hacer fiesta…” (Lucas 15:11-24)
Si a una persona le dicen, que un hombre sacrificó su vida y su carne, para que ésta fuera salva, esta persona se preguntaría ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por que hizo tal cosa por mí? Y más si le dijeran que el hijo único de DIOS, es quien se sacrificó, diría ¿Por qué DIOS hizo eso por alguien que no lo conoce y nunca demostró el mínimo interés en ÉL? Es tan absurdo, insólito, e incomprensible. Es porque el corazón de mi DIOS es grande, extravagantemente grande, nuestro amor hacia ÉL jamás va a ser más grande, que su amor hacia nosotros. La mente humana nunca llegará a entender ese amor. Lo mínimo que debe hacer es corresponderle, amar sinceramente, ser gratos con su PADRE, reconocer que sin ÉL, no seríamos nada más que polvo, darle gracias cada día desde lo más profundo del corazón, por amarnos tanto, empezar a corresponder a los sentimientos de nuestro CREADOR, corresponder a ese amor que por mucho tiempo, le hemos cruzado los brazos cuando intentó abrazarnos, empezar a fundir el iceberg dentro nuestro y permitir que su calor nos inunde hasta no poder respirar más.
Antes de aceptar a CRISTO, siempre me interesó, ¡que se sentía, o como se sentía!, cuando el ESPÍRITU SANTO, descendía sobre una persona, o sea, sentir una comunión entre el hombre y DIOS. Y creo que hasta hoy en día me gusta escuchar cuando la gente habla sobre ello, cuando lo expresan como algo tan increíble y magnífico. En la mayoría se manifiesta de maneras muy conocidas por los cristianos, solo conozco muy pocas excepciones, que han sentido la presencia de DIOS de una manera distinta. Pero cuando se les pregunta ¿Qué siente, cuándo le dicen que JESÚS murió por nuestros pecados?, responden: “y…siento culpa; me siento sucio al lado de algo tan puro como ÉL…; y…me pongo a razonar y recapacito…; siento dolor…y ganas de llorar...” A todas estas expresiones, les falta un común denominador, algo que las hace quedar en un segundo plano, algo fundamental que debe sentir el corazón de un verdadero cristiano, algo que opaca a la culpa, al dolor, a la vergüenza propia, al llanto, al cargo de conciencia como si ese hecho nos castigara día a día; ese común denominador, es el amor a CRISTO, es el inmediato y sincero amor hacia DIOS; JESÚS , no vino a morir, para que nosotros lloremos, parar que nos culpemos y caminemos con la cabeza hacia abajo, o para que el hombre sienta vergüenza de sí mismo, y crea que es un ser muy miserable para estar en presencia de mi SEÑOR. En un principio, cuando hacía esas preguntas, era por pura curiosidad, pero después era por que esperaba, que me contestaran, que ante todo eso, sentían un amor inmediato y de comunión entre el hombre - ya sea un “pecador compulsivo” o un fiel cristiano- y DIOS. O sea, sentir que DIOS, en ese mismo instante nos está mostrando su inmenso amor, con su presencia, y a la vez amarlo por ello, amarlo, más allá de los pecados impregnados en nuestro ser, más allá de las mentiras, más allá del odio, más allá del dolor y la vergüenza, más allá de “la pequeña fe”, más allá de todo lo humano, amarlo con lágrimas y con carcajadas, de pie o arrodillados, en la enfermedad y en la sanidad, sentir mucho más por ÉL, que lo que se siente por otra persona, sentir ese amor inmediato cuando nos dicen que el único hijo de DIOS, se sacrificó, por nuestra salvación, darle gracias pagándole con nuestras obras, demostrándole, que no hay nada más importante que el amor que sentimos por ÉL.
En realidad, después de mi obsesiva curiosidad, esperaba que me respondieran lo que yo mismo sentía, para ver si un cristiano sentía eso. No quiero decir que nadie más siente esto, porque he visto personas que lloran de amor, personas que se ríen de amor, personas que viven y luchan por este tipo de amor, lo veo en las predicas de los pastores, veo en sus palabras, en sus expresiones sinceras, en sus rostros, que lo que están diciendo es lo que sienten, los veo emocionarse en medio de la predica; no solo en predicadores, también en cristianos, que son capaces de ver y sentir más allá del dolor, de entender e interpretar, ese tremendo e inexplicable acto de sacrificio, ellos captan la esencia de ese acto, su esencia es el amor, un amor, podría decir “descabellado”, “desquiciado”, “obsesivo”, “desenfrenado”, y sincero. No podía entender como alguien pudo haber hecho algo así por mí, lo mínimo que podía hacer era amarlo. Es como si una persona me salvara de que un Scania me hiciera pedazos, pero el tiempo ni la velocidad del camión, no le dieran la oportunidad de quedarse a mi lado, al otro lado de la calle, y se despedazara bajo el vehículo. ¿Cómo darle gracias a esa persona? Ya sea un asesino, un ladrón, un violador, el pastor de una iglesia, el gerente del banco, un vecino al que nunca conocí; le daría las gracias con mis actos en su honor, porque lo que hizo es honorable, ayudaría a su familia, le serviría orgullosamente. Pongan en el lugar de esa "persona x", a CRISTO; lo hace mucho más inexplicable todavía, porque ÉL nos amaba y nos sigue amando, ÉL nos conoce, sabe quienes somos y como somos, y es lo que hoy en día me sigue asombrando, y digo: “¡WOW! No podría evitar amar a alguien así.” Nuestro amor a DIOS debe ser inmediato, así como es su amor hacia nosotros.
REFERENCIAS
* Santa Biblia Nueva Versión Internacional Héroes (2008) Ed. Vida. Miami, Florida


