Ésta no es una batalla con un ejército, no es una guerra con mi enemigo más íntimo, no es una pelea con mi mejor amigo. Ésta es una lucha constante, en mi interior, conmigo mismo. Y la peor de todas, debo agregar. La victoria o la derrota de mi debilidad, determina el guerrero glorioso que puedo ser o el mediocre en el que me puedo convertir.
Soy mi peor enemigo; soy mi peor traición. Soy una lucha eterna. Soy un pecador arrepentido, peleando día y noche con las manos ensangrentadas contra la debilidad. Soy un loco obsesivo, persiguiéndola para encadenarla antes de que ella me encadene, y me aprisione para siempre.
¡El hombre es un rey!; en tanto se gobierna a sí mismo, bajo ninguna presión. Él decide como gobernarse; él decide ceder ante sus debilidades o cumplir con su deber moral. Cuando ese rey cae, su debilidad gana, ella toma el control, sentándose en su trono, colocándose su corona, ordenando cadena perpetua al rey destronado. Pero en las celdas putrefactas de su interior, el rey cuenta con una salida secreta; un angosto túnel. Al final de ese túnel, lo espera un gran león. Un león que con su rugido hace estremecer la Tierra. ÉL león camina detrás del rey, llegando así a la habitación en donde se encuentra la debilidad victoriosa. El gran león derriba la puerta con su rugir, y entonces la reina asustada, huye cobardemente, porque sabe que ese gran león es invencible, reconoce en su rugido, lo omnipotente que es. Entones, al fin, el gran león coloca al rey en su antiguo trono, obsequiándole una nueva corona y vestiduras dignas de un rey victorioso; porque éste rey fue victorioso, en tanto eligió escapar de los abismos de su prisión, y sin pretexto alguno, ni oposición, le cedió todo el control al gran león para que éste lo pusiera de vuelta en el lugar del cual nunca debió salirse.
El hombre peleará día y noche con su debilidad, porque ésta no se dará por vencida tan fácilmente; pero, mientras el hombre le ceda todo el control a su gran león, nadie podrá contra él, nadie lo derribara por completo, tal vez sufra de algunas caídas, pero el aliento del león lo levantará una vez más, para no perder la batalla.
"..Considero más valiente al que conquista sus deseos que al que conquista a sus enemigos, ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo…" (Aristóteles)
Puedo remitirme a este tema con una frase de Aristóteles:
El hombre conquistará su deseo de volver a gobernarse a sí mismo, el deseo de derrocar a la debilidad del poder imperante, sacarla de su trono. Por eso, es que Aristóteles dice:"ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo"; esto lo más difícil de lograr, pero cuando nos conquistamos a nosotros mismos, somos capaces de conquistar al mundo entero. Nos volvemos personas completamente íntegras, sinceras, sin temores terrenales, será el momento en que el hombre podrá mirar al cielo y sonreír con los ojos llenos de lágrimas, y decir: "PADRE, lo he logrado, te doy gracias por nunca apartarte de mi lado, por tu aliento de vida”
Somos reyes, y tenemos un gran león protector e infalible, DIOS. Somos reyes, pero existe un rey absoluto, ¡JESUCRISTO, EL REY DE REYES! ÉL es mi gran león.
Encontré esta frase, y me parece verdaderamente, correcta y cierta:
"Las almas más grandes son tan capaces de los mayores vicios como de las mayores virtudes." (René Descartes)
Quiero decir con ésto, que somos tan capaces de vivir en la mediocridad de no intentar vencer nuestras debilidades, convirtiéndolas en vicios, como también de intentar ser guerreros hambrientos de victoria, de triunfos, de conquistas, de metas y objetivos realizados. Podemos tomar al pasado, ponerlo en nuestras bocas, masticarlo, sentir su horrible y agrio sabor; y escupirlo. Y de aquí en adelante empezar a comer del buen fruto, disfrutar del presente único y exquisito que DIOS nos ofrece. Un fruto digno de un rey victorioso.
El verdadero y peor enemigo, es uno mismo. Solo somos nosotros frente a nosotros mismos. Solo es el rey contra su debilidad.
Cuando en un matrimonio, uno de los esposos comete un acto de infidelidad contra el otro, está cometiendo una infidelidad contra sí mismo, se está traicionando el mismo, está traicionando a su promesa de serle fiel a su pareja, de amarla, de respetarla, etc. Sin llegar a la instancia del matrimonio, podemos ver en los noviazgos, como se pueden traicionar los novios, sin importar todo ese amor que declararon y declaran hacia el otro. Cuando ocurren este tipo de traiciones, el hombre se esta traicionando a si mismo sin darse cuenta. No hay peor cosa, que estar en enemistad con uno mismo, que sernos infieles, que traicionar nuestras convicciones, que derrocar todo nuestro amor por una estupidez momentánea. Cuando estamos en desacuerdo con nuestros principios, con nuestra moral, estamos en desacuerdo y en contienda con el mundo. Si no respetamos nuestras convicciones a las que nos aferramos en algún momento, no somos capaces de respetar al prójimo. Es muy conocido el dicho: “Para intentar cambiar a los demás, hay que comenzar por uno primero”. Ésto más que un dicho popular, es un principio, al cual deberíamos aferrarnos. Sino intentamos provocar un cambio en nosotros, sino luchamos contra nosotros, no seremos capaces de provocar un cambio en el otro, y mucho menos de luchar junto al otro en su batalla personal por el cambio:
"...Dios te puso un ser humano a cargo, y eres tú mismo. A ti debes hacerte libre y feliz, después podrás compartir la vida verdadera con los demás.
Recuerda a Jesús: "Amarás al prójimo como a ti mismo". Reconcíliate contigo, ponte frente al espejo y piensa que esa criatura que estás viendo es obra de Dios; y decide ahora mismo ser feliz porque la felicidad es una adquisición..." (Facundo Cabral)
"...Dios te puso un ser humano a cargo, y eres tú mismo. A ti debes hacerte libre y feliz, después podrás compartir la vida verdadera con los demás.
Recuerda a Jesús: "Amarás al prójimo como a ti mismo". Reconcíliate contigo, ponte frente al espejo y piensa que esa criatura que estás viendo es obra de Dios; y decide ahora mismo ser feliz porque la felicidad es una adquisición..." (Facundo Cabral)
Soy un pecador, y he perdido millones de batallas, he visto sentarse en mi trono a mi debilidad. La he visto reírse a carcajadas de mis derrotas; pero así como me he caído, me he levantado, porque el gran león estuvo siempre detrás de mí exhalando su aliento de vida sobre mi alma, y me ha devuelto mi trono y mi gobierno.
Sinceramente siento ganas de llorar en este mismo instante mientras escribo esto, podría llorar por el simple hecho de que recuerdo las veces que caí y las veces que DIOS me perdonó. Se que soy joven, y no conozco suficiente de la palabra de mi PADRE, no tengo una vida ministerial rica ni extensa en espiritualidad; pero de lo que estoy completamente seguro, es que mientras viva, tendré un león fuerte y eterno a mis espaldas, cuidándome día y noche, luchando constantemente contra mi lado débil, expulsando su aliento de vida sobre mí. Se que ÉL me ayuda a vencerme. Me consumo en su rugir, y vuelvo a nacer con su aliento de vida.
“Cuando logramos vencernos a nosotros mismos, somos guerreros genuinamente gloriosos”.
Es por esto que puedo decir: "Me mataré a mí mismo, para así, volver a nacer". No estoy dando un mensaje suicida con esto, me refiero a vencerme, a conquistarme, a no permitirme caer, y mucho menos a quedarme en los abismos de la mediocridad, sabiendo que hay un gran león esperándome a la salida del túnel. ÉL me hará nacer devuelta, ÉL me devolverá mi trono.
Es por esto que puedo decir: "Me mataré a mí mismo, para así, volver a nacer". No estoy dando un mensaje suicida con esto, me refiero a vencerme, a conquistarme, a no permitirme caer, y mucho menos a quedarme en los abismos de la mediocridad, sabiendo que hay un gran león esperándome a la salida del túnel. ÉL me hará nacer devuelta, ÉL me devolverá mi trono.

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