Ésto es bastante personal. Me refiero a toda mi subjetividad. A mi manera de ver y sentir las cosas de DIOS.
Hace bastante tiempo ya, que vengo escuchando sobre la palabra de DIOS, y sus grandes testimonios. Es inevitable para mí, no poder oír, sobre su verdad, sobre nuestra verdad. Es como si de a poco, con el transcurrir de los días, semanas, meses; y hasta llegar hoy en día a dos años; las cosas en mi vida empiezan a tener otro sentido. Como si hubiera descubierto y abierto la puerta de una habitación, de la cual desconocía su existencia. No quiero decir con ésto, que nunca he escuchado su nombre; al contrario, desde chico asistí a una iglesia católica con mi abuela; pero más allá de esa institución, esa señora, de hoy 89 años de edad, me enseñó, que DIOS siempre me está mirando, que ÉL es mi protección en todo momento, que nunca me aleje de su camino, que sin ÉL, estoy perdido. Me decía, y lo hace hasta hoy, que ÉL nos hace fuertes, que siempre nos escucha y es nuestro consuelo, “ÉL nunca nos desampara”. Ella es la persona que más amo sobre la Tierra, después de DIOS. Hoy en día, llegué a la conclusión, de que esa señora, a la cual amo tanto con todo mi ser, fue la primera que sembró la buena semilla en mí, la semilla que de apoco se convirtió en un brote, y que espera ser un frondoso y fuerte árbol.
Pasaron los años, terminé la secundaria, y llegó el momento clave para todo estudiante, de elegir que camino seguir. Tuve que optar por una carrera específica. Elegí, una carrera que poco o nada tiene que ver con mis gustos y preferencias, y me mudé a la capital de mi provincia. Es aquí en donde empecé a escuchar y sentir, lo que jamás había escuchado y sentido. Es aquí, en donde empiezo a responder y prestar atención a su llamado. El llamado, que inició en un principio en su idea, luego en el vientre de mi madre, y después en las palabras y consejos de mi abuela. Nunca le presté atención. Pero ÉL sabía, que llegaría el día, en que tomaría la decisión correcta y me desprendería de mi hogar, para llegar al lugar que ÉL tenía preparado para mí.
En este nuevo lugar, es donde MI SEÑOR, empieza a enviar a sus siervos, para que me hablen y me recuerden las palabras de mi abuela, de que sin ÉL estoy perdido.
Vivo en una residencia de estudiantes. A los pocos días, un chico de mi misma edad, apareciéndose una noche en mi casa, diciendo que venía a “instalarse”, lo dijo con ese término (hoy en día nos reímos de ese momento), venía a vivir en mi casa. Esta persona es cristiana, se podría decir que “de cuna”, o sea desde chico. Este joven me invitó a una reunión en la casa de un chico, en la que se habla, se comparte la palabra y el legado de mi PADRE. Asistiendo a estas reuniones, es cuando empiezo a valorar mucho más ese legado. Y llega el punto en que declaro, una tarde, en la casa de un matrimonio cristiano, que JESÚS es mi salvador y que reina en mi corazón, que ÉL es el dueño de mi alma, mi cuerpo y mi espíritu. Declaro que le pertenezco solo a ÉL, que ÉL es mi amo.
Después de ésto, es como si me hubiera encadenado voluntariamente a alguien, del cual no me puedo apartar –corrijo- “no me quiero apartar”; porque de poder hacerlo lo puedo.
Es aquí en donde recuerdo las palabras de mi abuela diciéndome: -“No te alejes de DIOS nunca; ÉL siempre te esta mirando; ÉL siempre te protege; nunca te va a dejar solo; sin ÉL estas perdido":
“… Tu protección me envuelve por completo; me cubres con la palma de tu mano…” (Salmos 139:5)
“… Si me elevara sobre las alas del alba, o me estableciera en los extremos del mar, aun allí tu mano me guiará, ¡me sostendría tu mano derecha!...” (Salmos 139: 9-10)
Cuando camino, cuando hablo, cuando estoy pensando, cuando siento, se que ÉL me mira y sabe lo que hago y lo que pienso:
“… Señor tú me examinas, tú me conoces. Sabes cuándo me siento y cuándo me levanto; aun a la distancia me lees el pensamiento…” (Salmos 139: 1-2)
Y cuando por momentos me aparto de su camino y empiezo a entrar en un terreno que no le agrada; ÉL jala, y tira de la cadena que yo mismo puse en mi cuello y en mis muñecas, uniéndola con sus santas manos; ÉL me arrastra hacia ÉL, no permite que escape de su prisión, esa prisión que es el amor más inmenso que conocí, y de la que no quiero escapar; solo que a veces encuentro una puerta abierta, muy tentadora para salir al mundo exterior, y que muchas veces la utilizo; reconociéndome como pecador; y es aquí cuando ÉL dice ¡BASTA!, me arrastra con su cadena hacia ÉL, y me abraza tan cálidamente, que no quiero despegarme de sus brazos jamás. Y siento que me dice al oído: “Ahora es tiempo, para que me dediques tu tiempo”. Y se siente tan bien. Y es por eso que escribo ésto.
Estoy en su prisión y no quiero escapar, ÉL es el dueño de la prisión, pero también es el guardia cárcel con el que hablo y el único que me comprende. Decido vivir ahí, porque elegí ser su siervo, buscar más reclusos, y traerlos a su morada, a ésta segura Alkatraz, con sus ojos vigilándonos y cuidándonos, de todo peligro.
Es imposible no pensar, que piensa DIOS de mí, cuando obro mal o cuando obro bien, no puedo evitar pensar continuamente en ÉL, es para mí algo, hasta ahora, inevitable.
Mi PADRE me llama, me llamó desde un principio, no me deja apartarme de su lado, porque ÉL sabe que alguien alguna vez me dijo –“Sin ÉL estas perdido”- ; sabe que sin su amor estoy perdido. Y es por ese amor, que me humillo, y me declaro su siervo. No me soltará sin antes cumplir su propósito, sin antes cumplir con el destino que ÉL pensó para mí:
“… El Señor cumplirá en mí su propósito. Tu gran amor, Señor, perdura para siempre; ¡no abandones la obra de tus manos! …” (Salmos 138:8)
Una amiga, a la cual aprecio mucho, me envió un mensaje de texto diciendo:
“Los jarrones de barro más preciosos, son pulidos y llevados al fuego, para poder llegar al formato deseado, así somos todos nosotros en manos de DIOS…ÉL nos modela, y muchas veces de forma muy dolorosa, pero el resultado es una joya de valor inestimable…Así que, por cada obstáculo que se presente en tu vida, y por cada dificultad que atravieses; recuerda que ahí está DIOS trabajando en ti, dejándote cada vez mejor ¡No lo olvides! "
DIOS tiene mi alma en sus manos, yo se la entregué con todo mi corazón, porque ÉL es su dueño. Prometí ser suyo completamente, y se lo prometo una y mil veces, más allá de mis tropiezos y caídas, de mis malas obras, sigue siendo mi carcelero y mi protector. Es a través de mis caídas que aprendo, y que siento que ya fue suficiente; “que ya es tiempo de dedicarle mi tiempo”.

No hay comentarios:
Publicar un comentario